Hace tiempo tuve la actualmente incomoda opción de hacer lo correcto y abortar en sus comienzos lo que hoy es una disparada locomotora de infelicidad.Por aquellos días se abrieron, ante mis asombrados ojos, puertas a las que ni siquiera había considerado en modo alguno llamar nunca. Oportunidades con mayúsculas, ese estar en el sitio adecuado en el momento adecuado que todos los triunfadores canturrean. En ese justo momento sólo con haber respirado una sóla vez más antes de avanzar hubiera visto con nitidez el falso y tramposo suelo que encubria mi actual castigo.
Y es que el pecado de la juventud es la inexperiencia, y el pecado de esta última el optimismo que lleva de equipaje. Bien está lo que bien parece, bien está lo que bien acaba reza el refranero pleno de sabiduria en experiencias similares. Entonces flasheado por las luces de neón y las promesas de la arcadia por venir, hipotequé mi alma, y lo que es peor en los tiempos actuales, mi dinero.
Hoy veo cómo de tortuosas eran aquellas raices, pero aún dudo que no hiciera bueno el dicho de el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra si se dieran las circunstancias. Es ahora cuando, horrorizado de mis propias ramas, intento correr y escapar de todo y todos. Pero las horribles raices, esas mismas que creí poder cambiar con el tiempo justo y el equipaje del optimismo, me atan e inmovilizan. Y así quieto e indefenso, la triada de parcas compuesta por la decepción, el pesimismo y la hipocresía me laceran día y noche impidiéndome creer que mi mañana será mejor. Lo más terrible es la sensación de "tú te lo buscaste" que no me da tregua.
"Si esta es vuestra forma de amar, os ruego que me odiéis."
MOLIERE









